La respiración yôgi debe ser conciente, profunda y silenciosa; partiendo del término conciente nos percatamos de esta energía como aliento de vida y dinámica del cosmos.
Los antiguos yôgis descubrieron que el secreto de la conciencia cósmica esta íntimamente ligada al dominio de la respiración. Neutralizando las corrientes de prána logramos controlar la mente sensoria y el intelecto y conocer como una experiencia personal nuestra propia Esencia.
Los ejercicios, casi siempre respiratorios, que conducen a la intensificación o expansión del prána en el organismo se denominan en el Yôga, pránáyámas.
A continuación les comparto un bello poema escrito por Maestro DeRose respecto al pránáyáma, que se encuentra en el libro Yôga Avanzado (p. 147).

Prána, la energía vital
penetra en nuestro cuerpo
por los laberintos respiratorios.
Lleva la bencidición de la vida hasta nuestro pecho
y de él, hacia todo nuestro ser,
físico y sutil.
Prána, la energía biológica
sin la cual ninguna forma de vida
animal o vegetal sería posible.
Prána, que trae la cura
y la regeneración celular.
Para vivir, todos los seres necesitan respirar.
Respirando, incrementamos vitalidad,
revitalización, reconstitución de los tejidos,
insuflándoles la propia vida.
Controlando los ritmos respiratorios,
dominamos nuestras emociones y acciones.
Alterando los niveles de profundidad de la respiración,
conquistamos nuevos estados de conciencia.
Interfiriendo voluntariamente en el acto respiratorio
cruzamos la frontera entre lo conciente
y lo inconciente.
¡Eso es pránáyáma!